Política fiscal: objetivos e instrumentos

La política fiscal es el conjunto de variaciones en determinadas partidas de los Presupuestos Generales del Estado, encaminadas a mejorar la situación macroeconómica del país.

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Antes de explicar cómo funciona, es importante dejar claro que la idea de que el Estado debe intervenir para asegurar un nivel adecuado de demanda agregada, se deriva de la Teoría Keynesiana, la cual se caracteriza por ser intervencionista. Por lo tanto, no es más que una teoría económica, existiendo otras que van totalmente en contra de la keynesiana.

Siguiendo la Teoría Keynesiana, los principales objetivos de la política fiscal son lograr el crecimiento económico y redistribuir la renta con el fin de preservar el Estado de Bienestar.

Existen varios instrumentos para articular la política fiscal y su dirección variará según estemos en una situación de recesión o de expansión.

Si el país se encuentra en recesión, se llevará a cabo una política fiscal expansiva a través de:

  • Aumento del Gasto Público, con el fin de aumentar la demanda agregada.
  • Reducción de impuestos, lo que en teoría, provocará un aumento de la renta disponible, un mayor consumo de las familias y en última instancia, un incremento de la demanda agregada.
  • Bonificaciones y exenciones fiscales a la inversión privada, incentivando de esta manera, la creación de nuevas empresas o el crecimiento de las ya existentes.

En el caso de que el país se encuentre en una situación de expansión o recalentamiento económico, se llevará a cabo una política fiscal restrictiva, según la cual las medidas deberán ir en sentido contrario a las vistas anteriormente, provocando el efecto inverso.

No obstante, esto no es más que teoría y, si bien es cierto que funcionó durante varias décadas del siglo XX, a partir de los años 70 quedó patente la incapacidad de estas medidas para hacer frente a una situación persistente de inflación con alto nivel de desempleo, la llamada estanflación.

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