Carl Menger, el fundador de la Escuela Austríaca

Carl Menger (1840-1921), lideró una revolución teórica. Es considerado como el fundador de la Escuela Austríaca. Además, fueron famosos sus alegatos en contra de lo que él llamaba los excesos del historicismo alemán.

CarlMenger

No obstante debemos destacar que el análisis económico que caracteriza a los austríacos, tiene sus orígenes intelectuales en los escolásticos del Siglo de Oro español. Vamos a destacar a dos de ellos. Por un lado, el obispo Covarrubias fue capaz de articular la teoría subjetiva del valor, que es considerada como la columna vertebral de la Escuela Austríaca. Por otro lado, podemos destacar al padre Juan de Mariana, quien demostró los efectos distorsionadores que tiene la inflación al aumentar la oferta monetaria.

Por lo tanto, podría decirse que Carl Menger fue quien recogió estas y otras muchas ideas, que habían caído en el olvido tras la decadencia del imperio español, y las plasmó en su libro Principios de economía política (1871).

Menger era contrario al objetivismo de la escuela clásica y defendía el papel del ser humano, debiéndose analizar la economía desde la perspectiva subjetiva de la persona que actúa. En este sentido, es importante destacar su «teoría de los bienes económicos de distinto orden». Según esta teoría, los bienes de consumo son «bienes económicos de primer orden» ya que satisfacen de manera directa las necesidades humanas. Dicho de otra manera, constituyen el fin último, teniendo un valor que variará en función del valor subjetivo que le de cada ser humano. Para conseguir estos fines, son necesarios determinados medios, llamados «bienes económicos de orden superior». Por lo tanto, si disponemos de bienes económicos de un orden superior, debemos ir transformándolos en bienes de orden inferior hasta conseguir el bien económico de primer orden. Para entenderlo mejor, Menger pone un ejemplo en su libro:

Si una modificación de los gustos eliminara totalmente la costumbre de fumar, la conse­cuencia sería no sólo que perderían su cualidad de bien todas las reservas de tabaco de que disponen los hombres, en la forma en que suelen cultivarlo, sino que se producirían repercusiones de más amplio alcance, que incluirían la pérdida de la cualidad de bien de las hojas sin elaborar, de las máquinas e instalaciones empleadas exclusivamente en su elaboración , de las fuerzas laborales dedicadas a esta actividad, de las provisiones de semillas de la planta, etc. Los trabajos, hoy tan bien remunerados, de los agentes de Cuba, Manila, Puerto Rico y otras zonas, que han desarrollado una especial habilidad para valorar la calidad del tabaco y las compras del mismo, dejarían de ser un bien, no menos que los trabajos específicos de numerosas personas empleadas en la fabricación de puros tanto en aquellos lejanos países como en Europa (Principios de economía política, pp. 59-60).

Con este ejemplo, podemos ver como el valor de los bienes de primer orden se transmite a los bienes de orden superior. Este es un rasgo distintivo de la Escuela Austríaca.

La concepción subjetivista de cada proceso de la acción humana es la principal aportación de Menger a la Ciencia Económica.

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