Neoclásicos y keynesianos: Diferentes teorías para combatir el desempleo

El desempleo continúa siendo una de las principales preocupación de los españoles. ¿Qué pasos deberíamos seguir para alcanzar el pleno empleo en un país? Son dos las teorías que históricamente han sido vistas como formas efectivas de combatir el desempleo: la teoría clásica y la keynesiana.

Por un lado, los seguidores de la teoría clásica defienden que el mercado de trabajo, en condiciones de libre competencia, tiende al equilibrio. Es decir, existe un precio (salario) que vacía el mercado (inexistencia de desempleo). No obstante, siempre existirá una tasa de paro natural provocada por distintos factores, como los parados desanimados que dejan de buscar empleo o el hecho de que no todos los sectores alcancen el equilibrio en el mismo momento.

Los neoclásicos –seguidores de esta teoría- señalan que los problemas en el mercado de trabajo aparecen cuando los sindicatos exigen aumentos en los salarios, provocando una situación de desequilibrio que conduce inevitablemente a la aparición del conocido como “paro voluntario”.

Por otro lado encontramos la teoría keynesiana, que se aplicó durante varias décadas del siglo XX. Sus seguidores defienden que la existencia de desempleo se debe a la baja demanda de trabajo por parte de las empresas y localizan su  solución en la intervención del Estado, mediante la aplicación de políticas fiscales expansivas, lo que conlleva un aumento del gasto público.

La teoría keynesiana utilizó durante muchos años lo que se conoce como “la curva de Phillips”, en la que quedaba patente que era posible la realización de un intercambio entre desempleo e inflación y el “juego” con estas cantidades.

grafico45

Como puede observarse en el gráfico, un aumento de la inflación provoca una disminución del desempleo. Un claro ejemplo de aplicación de este mecanismo lo encontramos durante la crisis de 1929, la cual se caracterizó por un fuerte desempleo unido a una situación de deflación. Para salir de dicha crisis, se llevó a cabo una política fiscal expansiva la cual provocó una disminución del desempleo: la gente podía consumir más y esto llevó a la desaparición de la deflación, al incrementarse los precios tras la mejora de la economía.

Durante varias décadas las decisiones de la política económica eran meramente técnicas, pero todo cambió con la conocida como “crisis del petróleo de los años 70”. En esta ocasión el problema vino por el lado de la oferta, siendo insuficiente la política keynesiana. Esta crisis se caracterizó por un aumento de los costes de producción, lo que llevó a las empresas al despido de muchos de sus trabajadores. Además, al aumentar el precio de los productos, los sindicatos reclamaron subidas salariales que provocaron-a su vez- que los precios continuasen subiendo. En este momento quedó patente que la “curva de Phillips” solo podía tener efecto a corto plazo.

Curva Phillips LP

Si observamos el gráfico vemos como a largo plazo la única consecuencia que se produce es un aumento de la inflación, sin que hayan muestras de una variación del desempleo. A partir de este momento quedó claro que es necesario actuar no solo por el lado de la demanda, sino también por el de la oferta.

En la actualidad, aún existen países que aplican la teoría keynesiana como eje de su política económica. Por citar algún ejemplo tenemos el caso de Japón, donde observamos que estas medidas están causando controversia y, por el momento, no parece que hayan signos de mejoría.

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